Dice la reseña:
«Cultivar la concisión y la sobriedad narrativas se ha convertido en una práctica de insospechados hallazgos a lo largo del continente. Su prestigio va en aumento. En el Perú, Luis Loayza, ilustre miembro de la Generación del 50, fue uno de los pioneros indiscutibles a la hora de emprender semejantes osadías. Actualmente, se produce en nuestro microcosmos un renacimiento del género. Dentro de las últimas promociones, las referencias más destacadas son Ricardo Sumalavia y, por supuesto, José Donayre Hoefken (Lima, 1966).

»De hecho, las escaramuzas verbales aún constituyen un norte para el autor, esta vez al servicio de minúsculas narraciones impregnadas por un afán especulativo, paradójico e irónico, que también reclama su cuota de protagonismo. Buenos ejemplos, respectivamente, son Amor y odio (p.32), que describe un viaje del filósofo Empédocles al Etna, Asunto de esferas sobre el río Arno (p.87), delicada inversión de roles entre Beatriz y Dante, y Penal de Ítaca (p.64), uno de los textos más cortos en extensión y, sin embargo, demoledor en cuanto a los sucesos: las urgencias eróticas de una desventurada Penélope a la espera de Odiseo.
»Sin duda José Donayre ha confirmado su monolítica vocación por apartados anticonvencionales en esta Aldea, así como su impecable virtuosismo. Algo de incienso y ceremonias secretas no vendrían mal para que los dioses continúen siendo propicios a renovaciones de tales alcances y honduras.»